¿De
qué hablamos cuando hablamos de metrópolis?[1]
Jesus Tamayo
Maestro en Desarrollo
Urbano
Ex Director General de
Desarrollo Urbano y Regional. SEDESOL 1972-1976
Urbanización. Sabemos que de tiempo atrás casi todas las
concentraciones humanas que llamamos ciudades crecen en número y en extensión.
Los especialistas llaman urbanización a
este proceso demográfico.
Ciudades millonarias. Ya es menos conocido el que tal proceso,
en el siglo XIX hizo nacer ciudades millonarias; es decir, ciudades cuya
población superaba el millón de habitantes. Ya en 1810 (año significativo para nosotros)
la vieja ciudad de Londres fue la primera en alcanzar el millón de habitantes.
Pronto le siguieron Paris en 1853 y Viena en 1870; en América, Nueva York logró
lo mismo en 1857. Al inicio del Siglo XX, 12 ciudades ya eran millonarias. Al
inicio de este siglo, éstas se cuentan ya por cientos.
Metrópolis. Para identificar a esta nueva generación de
grandes ciudades, los especialistas les llamaron Metrópolis, un término de sonoridades griegas, ciudades madre.
Retos urbanos y metropolitanos. Las grandes ciudades, las metrópolis, amplificaron
los retos que de suyo enfrenta cualquier concentración humana; problemas que
llamamos urbanos y que en su nueva escala llamamos problemas metropolitanos.
Crecientes
poblaciones requerirán en de un volumen también creciente de alimentos que se
producirán en sus territorios periféricos; mayores poblaciones requerirán que mayores
volúmenes de agua y alimentos se traigan
a la ciudad, casi siempre de más lejos.
Mayores
ciudades también requerirán de nuevas y mejores formas o técnicas de gobierno y
administración urbanas, Ya en el año 350 antes de nuestra era, el gran Aristóteles
decía que difícilmente una ciudad populosa podría estar bien gobernada. Las
ciudades han seguido creciendo, las técnicas de gobierno y administración han
quizá mejorado y ciudades y muchas metrópolis han seguido creciendo.
El problema metropolitano. Poco después de haber nacido, las ciudades
millonarias dejaron ver otro gran reto o problema a resolver, derivado de su crecimiento
físico o territorial. En forma casi inevitable, su crecimiento las había
obligado a extenderse por sobre jurisdicciones vecinas.
La necesaria coordinación. Así, la aparición de las metrópolis pronto
trajo aparejado un hecho que se repetiría por todo el orbe. La gran ciudad, millonaria o no, tendería pronto a convertirse
en una ciudad multi-jurisdiccional Este
nuevo tipo de ciudad es aquella que, en
la práctica, está gobernada y administrada por autoridades varias, tantas como
jurisdicciones hubiera alcanzado en su crecimiento. Y como diversas autoridades
significaban entonces, y significan hoy, diversidad de criterios, de objetivos
y de intereses, éstos deben conciliarse vía la coordinación y la concertación,
en este caso, inter-gubernamental.
El ejemplo londinense. Y como toda concertación supone en algún
grado supeditar la voluntad de unos a los intereses de otros , esta coordinación nunca fue fácil y exitosa y
pronto se convirtió en pesadilla, Así,
se explica que en fecha tan temprana como 1829, las autoridades del Londres
millonario crearan un primer cuerpo de policía metropolitano que sustituyó
a los cuerpos locales y debió haber sido exitoso porque a poco fue creada una
primera oficina de obras metropolitanas (Metropolitan Board Works. 1855).
Asi
se fue consolidando la idea que la dispersión de voluntades y sus inconvenientes (ineficiencia) podrían corregirse con la creación
de autoridades unitarias o coordinadoras. Y en 1888, la metrópoli londinense
vio nacer el primer gobierno urbano unitario: el London County Council (LCC), antecedente del conocido Greater London Council, nacido en 1964 (abolido
en 1988 por el gobierno conservador de Margaret Tatcher y después recuperado por los gobiernos laboristas). El gobierno unitario londinense ha sido un
paradigma para el creciente numero de ciudades millonarias que han aparecido en
el globo a lo largo de los siglos xix y xx.
A
la fecha, buena parte de las ciudades multi-jurisdiccionales, millonarias o no,
cuentan con administraciones o gobiernos, si no totalmente unitarios a la
manera londinense, si con autoridades supra municipales o cuentan con modelos
alternos que les permiten enfrentar la ineficiencia derivada de la multi-jurisdiccionalidad.
Nuestro caso. En el siglo pasado, terminada la guerra
civil, nuestro país se introdujo e una etapa de acelerada urbanización, es
decir, vio crecer sus ciudades en número y extensión.
A
principios de los años setenta, Luis Unikel,[2]
analizando el proceso de urbanización mexicano, encontró que por esos años
México ya contaba con varias ciudades millonarias y con 12 ciudades multi-jurisdiccionales
a las que llamó “ciudades de huevo tipo” y a cuya envolvente municipal llamó zona metropolitanas, a semejanza de las áreas metropolitanas (ciudad + área de
influencia) que el censo estadounidense había definido desde principios de
siglo.
Een
la primera década se este siglo, en un trabajo inter-institucional (SEDESOL, CONAPO
e INEGI) con información del censo de 2000, en el sistema urbano nacional identificaron
55 zoas metropolitanas, conjuntos
ciudad + área de influencia, ciudades multi-jurisdiccionales casi todas ellas.
Las mismas tres dependencias federales con datos del Conteo 2005, en 2006
repitieron y perfeccionaron el ejercicio encontrado que las zonas metropolitanas ya contenían a 56
principales ciudades de nuestro sistema urbano.
Hasta
ayer, estábamos por conocer los resultados de una nueva evaluación similar,
esta vez con información del censo de 2010.
La nota de ustedes informa que SEGOB (?) INEGI y CONAPO reportan hoy 59
zonas metropolitanas donde habitan 63.8 millones de habitantes (es decir, que casi
dos de cada tres mexicanos habitamos ya en ciudades multi jurisdiccionales.
También se apunta que sólo 11 de las ciudades mexicanas son propiamente metrópolis (mayores de un millón de
habitantes)
Este
es el actual panorama urbano del país. Casi dos tercios de él ya es
metropolitano y exige la inteligente coordinación inter gubernamental de sus
autoridades. Nada fácil en un marco político de aversión casi endémica a la
asociación y coordinación inter municipal (Cabrero[3]).
JT
[1] El titulo de
esta nota que no podría expresar con mayor precisión la intención del autor, está
tomado de Haruki Murakani, (“De qué hablo
cuando hablo de correr”) y de Raymond
Carver (“De qué hablamos cuando hablamos
de amor”) de quien Murakani lo tomo prestado.
[2] Ingeniero mexicano, maestro y promotor de el estudio del proceso de la urbanización
de nuestro país. Su trabajo más conocido es “El
Desarrollo Urbano de México. Diagnóstico y Perspectivas” , México, El
Colegio de México, 1976 ”
[3] Cebrero Enrique y David Arellano,
(coords.,) “Los gobiernos municipales a
debate” México, CIDE 2011..
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